7/01/2007

Sábado por la noche en el infierno

Llegamos puntuales al lugar citado de la tocada black metalera titulada “The Return of Black Hordes”. No recordábamos exactamente la ubicación de aquel salón al que asistimos hace 14 años a otro toquín. Así que antes de llegar bajamos los vidrios del coche para guiarnos a través de la gritadera y los tamborazos. También esperábamos ver algún grupito de muchachos vestidos de negro afuera del local. Nada de eso sucedió al estacionarnos justo en frente del salón indicado. Ahí sonaba música norteña y sólo encontramos un individuo con playera metalera que amablemente nos indicó el lugar a donde se cambió tan elegante evento. Nos dirigimos hacía allá dándole aventón a otro asistente que parecía el hombre lobo con playera de Lacrimosa. Cotorreamos un poco con él en el camino. Yo no entendía la mitad de las cosas que decía. Sus colmillos provocaban la mala pronunciación de algunas palabras.
Al acercarnos al otro salón por fin pudimos escuchar el ruidazo que esperábamos. Era un salón de eventos con techo de lámina y una iluminación de fábrica. Me pregunto si la gente que organiza ahí sus bodas y bautizos está enterada de que en ese local se organizan tocadas de rock satánico.


Desconozco el nombre del grupo que abrió. De hecho no supimos el nombre de ninguna banda, sólo Black Vomit, el plato fuerte. Fue imposible descifrar en el flyer el logo de cada banda pues no incluyeron el nombre con letras normales. Quienes hayan visto logos black-metaleros sabrán que sus diseñadores gráficos ponen mucho empeño en elaborar tipografías completamente incomprensibles. Por esa razón y por ignorancia propia, esta reseña no podrá referirse de nombre a todos los grupos del evento.

Cuando llegamos estaba abriendo un grupo local formado por integrantes bastante jóvenes. Se notaba que tenían poca experiencia. Aún así se defendían y parecían una banda muy prometedora de black metal. A ellos le siguieron otros locales cuyo vocalista estaba maquillado y tenía la clásica voz black metalera: aguda y chillante como los gritos de la chica de El Exorcista. Ahí me di cuenta que el pedestal del micrófono era una cruz invertida que seguramente mandaron fabricar en un taller satánico de soldadura. Esta banda tocó un cover que yo esperaba escuchar con todo mi corazón darky metalero: “Into the Pentagram”, un icono del black metal compuesto por Samael, banda legendaria de Noruega.


Los siguientes en subirse al escenario fueron unos regios cuya imagen estaba muy desequilibrada: un bajista de pelo corto con look de rockero indie; un vocalista también de pelo corto con cara de soldado que poco a poco fue agarrando tremenda borrachera con tequila; un guitarrista flaco y greñudo de rizos pronunciados; un baterista greñudo con el look del metalero promedio mexicano; y un tecladista oscuramente extravagante vestido con capucha negra que hacía coros guturales y veía al público con ojos del demonio. Tocaron un black metal clásico estropeado por el sonido tan deficiente que rentaron los organizadores.
A ellos le siguieron otros regios cuya alineación era poco atractiva: vocalista, baterista y guitarrista. Ni un teclado, ni un bajo. A pesar de ser una banda tan limitada se defendieron pues tanto el guitarrista como el baterista eran muy buenos. El vocalista tuvo la mejor voz de la noche. Además se aventaba su show tirándose al suelo, quemando playeras, azotando cadenas al suelo y lanzando flamas con un aerosol.

Me desconcentré con las bandas que siguieron. En realidad me aburrí de que el sonido estuviera tan terrible además de que un grupo se tardó mucho en su set tocando covers de Iron Maiden. También fue decepcionante que las últimas dos bandas eran proyectos de los mismos grupos que ya habían tocado, sólo que los integrantes tocaban instrumentos diferentes. Tiré a lión y fui a sentarme por ahí a observar a la gente. Habría unas 90 almas darkys. Me di cuenta que realmente hay una escena metalera en Monclova y que la mayoría se conocen entre sí. Me tocó estar cerca de una pelea que no pasó de aventones pero que sí alteró un poco la fiesta. Lo más patético fue que quienes la iniciaron eran unos treintones. ¡Tan grandotes y con esos desplantes! El vocalista de la banda que estaba tocando les
empezó a gritar que mejor se hicieran unas puñetas envés de golpearse. Vaya solución.


Ya me quería largar pero también quería ver a Black Vomit. Pensamos que sería bueno escuchar mínimo dos canciones. Su bajista era el doble de Slash. Tenía sombrerito, botas y toda la cosa. Era extraño ver a un tipo con ese look en una banda de black metal. En realidad escuchamos una rola y media porque a la mitad de la segunda el ampli del guitarrista dejó de escucharse y dejaron de tocar para que arreglaran tan inoportuno detalle. Nos dio hueva y nos fuimos.

5 comentarios:

YOU ARE A GHOST dijo...

por lo que cuentas estuvo muy jodidona jejeje, mis epocas en la ecena black fueron hace rato ya, y co o decia Jose jose, ya lo pasado pasado...jejeje

Anónimo dijo...

Taller satanico de soldadura? jajaja, que bonita manera de contarlo, lo dijiste tan colorido que por poco y olvido que la onda "black" era la intencion principal.

Y bueno, yo supongo que los que se casan ahi es porque tienen algun pacto con el diablo, o algo por el estilo, obviamente estan enterados de que ahise hacen las tocadas para chicos vestidos de negro y botas.


Y esos treintones peleoneros! que barbaridad!.

Diez besos mi amor.
te quiero.

vocalista black con cara de soldado dijo...

en realidad ese pedestal se mandó fabricar a un taller anticristiano de soldadura. no conocemos a ningún soldador satánico. pero si sabes de alguno avisame por el amor del diablo.

El Doble de Slash dijo...

yo estoy muy agradecido con todas las atenciones que nos brindó la empresa organzidora.

gracias por los tacos, cigarros y el whisky sorianero.

Monje servidor de sataná dijo...

A mí me pareció patético el público monclvense, pero tenía que ganarme unos centavos para donarlos a la iglesia de nuestro padre satanás.