4/11/2007

Dealer triste

Miércoles era el día más seguro para conectar. Un mercadito se instalaba en esa colonia, el ambiente era muy familiar, no se metían policías. Yo aprovechaba también
para comprar frutas.
Aquella vez había mucha gente afuera de la casa de “El Barril”, mi dealer. Los puestos estaban solos. Todo mundo estaba concentrado frente a la casa donde yo hacía otro tipo de compras. De pronto llegaron los de la televisión local y una ambulancia. Había unos niños con pancartas fosforescentes con la leyenda “QUE SE HAGA JUZTICIA”.
Le pregunté qué pasaba a una señora y me dijo que habían matado a un niño que vivía en esa casa. Le pregunté si era el hijo de El Barril pero no supo decirme. Poco a poco se iban juntando más curiosos. Me uní a ellos y esperé a que saliera El Barril para que me pasara el chisme, además de pedirle un 50.
Cuando salió, nunca lo había visto tan triste.
-Un puto mató a mi sobrino –me dijo deshecho.
El niño tenía 7 años y se había desnucado al estar jugando luchitas con un cabroncillo de secundaria.
Le di mi más sentido pésame. Luego, obligado por mi estado erizo, le pregunté si podía armarse un 50 pero no respondió y se volvió a meter.

1 comentario:

YOU ARE A GHOST dijo...

Hasta los dealer tienen su corazoncito...