12/24/2006

Un poema para la Navidad

Transcribo aquí un poema de Ezra Pound. No es otro verso navideño como el que copié hace un año pero se relaciona con el significado de esta celebración. Olvidénse de Santa Clos, el pinito y los monos de nieve. Esto es más serio. Ah, y Feliz Navidad.



BALADA DEL BUEN COMPAÑERO


(Simón Zelotes la recita poco después de la Crucifixión)

¿Perdimos al mejor de los compañeros
por culpa de los sacerdotes y del patíbulo?
Era partidario de los hombres curtidos,
a bordo de las barcas y en el mar abierto.

Cuando vinieron a prender a Nuestro Hombre
fue hermoso contemplar su sonrisa, “¡Dejad
que esos se marchen antes!" dijo nuestro Buen Compañero,
“o habré de maldeciros”, añadió.

Y mandó que nos fuésemos entre las altas lanzas
y el desdén de su sonrisa irrumpió libremente,
“¿Por qué no me prendisteis cuando andaba
solo por la ciudad?” dijo.

Oh, bebimos su “Vigor” en el buen vino tinto
cuando estuvimos la última vez juntos;
no era un cura capón, no, el Buen Compañero,
sino que era un hombre entre los hombres.

Yo lo vi conducir a un centenar de hombres
sólo con agitar un haz de cuerdas,
a tomar la alta mansión sagrada
como prenda y tesoro.

No lo van a encontrar en un libro, supongo,
aunque lo escriban con astucia;
el Buen Compañero no era un ratón de biblioteca,
sino que siempre amó el mar abierto.

Si piensan que liaron a nuestro Buen Compañero,
es que están locos de remate.
“Iré a la fiesta”, dijo el Bueno Compañero,
“aunque tenga que ir al madero de la horca”.

“Me habéis visto curar a lisiados y ciegos,
y despertar a los muertos”, dijo
“ahora veréis algo que todo lo supera:
cómo un hombre valiente muere en un madero.”

El Buen Compañero era un hijo de Dios
que nos ordenó ser sus hermanos.
Yo lo vi intimidar a un millar de hombres
y lo vi en un madero.

No dio ni un grito cuando le hincaron los clavos
y su sangre manó abundante y caliente,
los lebreles del cielo carmesí se echaron a ladrar
pero él no dio ni un grito.

Yo lo vi intimidar a un millar de hombres
en las colinas de Galilea,
y lloraban mientras él caminaba tranquilo
con sus ojos grises como el mar,

como un mar que no acepta travesías
con los vientos desatados y sin trabas,
como el mar que calmó en Genesaret
con un par de palabras que pronunció de pronto.

Era maestro de hombres aquel Buen Compañero,
un amigo de los vientos y el mar;
si piensan que han matado a nuestro Buen Compañero,
su locura durará una eternidad.

Yo lo he visto comer de panales de miel
después de estar clavado en el madero.

Ezra Pound (1885-1972)
Traducción de Jesús Munárriz y Jenaro Talens

No hay comentarios.: