7/12/2005

Alacranes en la oficina

Vi de reojo un bicho que sentí me miraba. Tenía unas tenazas asesinas, una cola diabólica. Medía 4 ó 5 centímetros. Salió de bajo del mueble de la computadora. Venía hacía mí. Les dije a mis compañeros que vinieran a verlo. Lo atrapamos en un bote de plástico. Se hacía el muerto. De pronto caminó y sentí que brincaría. Se lo enseñé a mi jefe. Lo llevé afuera, lo aventé al pavimento, lo aplasté y quedó hecho pedazos bajo el sol infernal de julio.
En menos de una semana salió otro más pequeño. Medía un poco más de la mitad que el primero que vi. Salió del mismo lugar. Lo aplasté de inmediato antes de que escapase. Mueren con más facilidad que los ciempiés.
Me pregunto si eran pareja. Quizá el pequeño era una de las tantas crías que andan por ahí.

No hay comentarios.: